La primera disciplina precursora de la
criminalística fue lo que en la actualidad se conoce como dactiloscopia, ciencia que estudia
las huellas dactilares. La criminalística tal como la entendemos nace de la
mano de la medicina forense, en torno al siglo XVII, cuando los médicos toman
parte en los procedimientos judiciales. Antes de conocer el desarrollo y
evolución de la criminalística debemos distinguir dos etapas, de cuyos
representante hablaremos posteriormente.
§
Etapa equívoca: Eugene Francois Vidoq (1811).
§
Etapa científica: Alphonse Bertillon (1879), Juan Vucetich (1892), William
Herschel, Francis Galton.
Algunos de los primeros usos prácticos de
la investigación mediante las impresiones dactilares son acreditados a los
chinos, quienes las aplicaban diariamente en sus negocios y empresas legales,
mientras tanto el mundo occidental se encontraba en el período conocido como la
edad oscura.
Kia Kung-Yen, historiador chino de la
dinastía Tang, en sus escritos del año 650, hizo mención a la identificación
mediante las impresiones dactilares, en un comentario sobre un antiguo método
en la elaboración de documentos legales. De aquí se deduce que para el año 650
los chinos ya utilizaban las impresiones dactilares en sus tratos comerciales y
en ese mismo año, hacían mención al método anterior al uso de las impresiones
consistentes en la utilización de placas de madera con muescas iguales
recortadas en los mismos sitios de los lados las que conservaban las partes del
contrato e igualadas dichas tablas se podía constatar la autenticidad o falsedad
de los contratos de referencia.
Muchos años después, en 1575 surge otra ciencia
precursora de la criminalística: la medicina legal, iniciada por el francés Ambrosio
Paré y desarrollada por Paolo Sacchias en 1651.
En 1665, Marcello Malpighi observaba y estudiaba los relieves
dactilares de las yemas de los dedos y palmas de las manos. Una de las primeras
publicaciones en Europa acerca del estudio de las impresiones dactilares
apareció en Inglaterra en 1648, realizada por el Dr. Nehemiah
Grew.
En 1809 el célebre delincuente
francés Vidocq fue incluido en las filas de la
policía francesa y pronto se convirtió en el primer director de la Seguridad
Nacional (Sûreté
Nationale). Incluyó multitud de avances en el campo de la
investigación criminal. A él se le atribuye el registro y creación de
expedientes con las pesquisas de los casos y la introducción de los estudios
de balística. Fue el primero en utilizar moldes para recoger huellas de la escena del
crimen, definiendo la lofoscopia. Sus
técnicas antropométricas tendrían gran repercusión.
En 1823 un tratado escrito por anatomista, fisiólogo y botánico checo Jan Evangelista
Purkyně describe los tipos de huellas dactilares y las
clasificó en 9 grupos. Durante ese mismo año, Huschke descrubrió
los relieves triangulares, conocidos como deltas, de las huellas dactilares de
los dedos. En 1835, aparece otro de los primeros precursores de la balística, Henry Goddard. En 1840, con el español Mateo Orfila nace la Toxicología, ciencia que estudia
los efectos de las toxinas o venenos vegetales, animales y minerales, tanto como tratamiento o intoxicación. El aporte de esta
ciencia a la reconstrucción de homicidios y suicidios es enorme. William Herschel, en 1858, adoptó el uso de las impresiones
dactilares para evitar la suplantación.
Alfonso Bertillón creó en París el Servicio de Identificación Judicial en 1882, dado a conocer en 1885 y se adoptó de forma oficial
en 1888. Este método
antropométrico se basaba en el registro de las diferentes características óseas
métricas y cromáticas de las personas mayores de 21 años en 11 diferentes
partes del cuerpo. En esa época Bertillón publicó una tesis sobre el retrato
hablado. Desde 1884, Bertillón tomó fotografías de los lugares de los hechos con todos sus
indicios. Fue en 1886, cuando Alan Pinkerton puso en práctica
la fotografía criminal para reconocer a los delincuentes. En Londres, Sir Francis Galton en 1885 instaló los fundamentos para la
solución del problema que representaba hacer una clasificación de las
impresiones dactilares. En 1905 modificará su sistema citado en
“Fingerprint Directories”.
En 1896, Juan Vucetich logró que la Policía de la Provincia de Buenos Aires (en la ciudad
de La Plata), Argentina, dejara de utilizar el
método antropométrico de Bertillón y redujo a cuatro los tipos fundamentales de
Dactiloscopia, determinados por la presencia o ausencia de los deltas.
Ottrolenghi y Alongi,
en 1899 fundaron una
revista llamada Polizia Scientifica. Lombroso, Ferri y Alongi
solicitaron una Policía Judicial Científica en Italia.
El más ilustre y distinguido criminalista
de todos los tiempos es Hanns Gross (1847-1915), se le considera el padre de la criminalística.
A él se debe la generalización del término criminalística con el que se refería
al «análisis sistemático de las huellas dejadas por el culpable». Ejerció el
cargo de magistrado y fue profesor de Derecho penal en las
universidades de Czernowitz y Graz. La elaboración del Manual del Juez
como Sistema de Criminalística le llevó 20 años de experiencias e
intensos trabajos. En 1912 inauguró el "Real e Imperial Instituto de
Criminología de la Universidad de Graz", único a escala mundial. Los
resultados de su trabajo fueron determinantes hasta bien entrado el siglo XX y
su método científico, conocido bajo el nombre de "escuela criminológica de
Graz", le hizo famoso en todo el mundo
En México, el profesor Carlos Roumagnac escribía en 1904 los primeros fundamentos de Antropología Criminal. Constancio Bernaldo de
Quiroz en España, redujo a tres las fases de formación y evolución de la policía científica
en 1908. En enero de 1920, el profesor Benjamín Martínez fundó en la Ciudad de México el gabinete de identificación y el laboratorio de criminalística en
la entonces jefatura de Policía del Distrito Federal. En 1928 el criminalista francés Edmon
Locard enuncia el "Principio de intercambio de
Locard", que dice que «siempre que dos objetos entran en contacto
transfieren parte del material que incorporan al otro objeto». El principio ha
permitido obtener indicios relevantes en numerosos lugares, desde huellas en el
barro o sus restos en neumáticos y calzado, hasta huellas dactilares o restos en las uñas. En 1935, Carlos Roumagnac, Benjamín Martínez, Fernando Beltrán y otros, instituyeron una escuela para policías en la que se enseñaba
criminalística. En 1938, el Dr. José Gómez Robleda implantó la
aplicación de la Criminalística en la Procuraduría General de Justicia en el
D.F.
En la actualidad cabe destacar al biólogo
y criminalista alemán Mark Benecke (n. 1970),
especialista en entomología forense.
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